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ARRUGAS EN LA FRENTE Y SALUD INTESTINAL: LA CURA DE LA CARNE ROJA

ARRUGAS EN LA FRENTE Y SALUD INTESTINAL: LA CURA DE LA CARNE ROJA

Aunque, debido al interés que suscitan las curas monodieta, consistentes en tomar un único alimento durante cierto número de días, el título de la entrada pueda sonar a cura monodieta de carne roja, lo que propongo no es exactamente eso.

La alusión a la "cura de la carne roja" tiene ciertos tintes contestatarios, derivados del hecho de que la carne roja, que (siempre que esté razonablemente exenta de productos tóxicos y poco hecha para conservar sus nutrientes) es uno de los alimentos más nutritivos que existen, también es uno de los más denostados por algunas corrientes nutricionales.

De lo que trata esta entrada es de cómo suavizar o al menos evitar que se hagan más profundas, las arrugas de la frente, y de lo que es más importante, cómo optimizar el estado del órgano cuyo estado reflejan. Como algunos sistemas de diagnóstico por el rostro señalan, la frente es fiel reflejo de los intestinos, lo cual se traduce en que las alteraciones cutáneas en aquella son consecuencia de desórdenes en éstos. Las arrugas en la frente, en particular, o más propiamente, la falta de elasticidad cutánea en que éstas tienen su origen, puede responder a una similar falta de elasticidad en el órgano de cuyo estado nos hablan: la membrana intestinal.

Como es bien sabido, la salud de la pared intestinal es de importancia primordial por la función de filtrado y discriminación entre toxinas y nutrientes que lleva a cabo. Y para evitar su deterioro, su pérdida de elasticidad, el aumento de su porosidad y el consiguiente aumento de la permeabilidad, hay tres aspectos nutricionales que son esenciales:

- La calidad del aporte lipídico. Como elementos constitutivos fundamentales de la pared intestinal y de otras membranas del organismo, las grasas son elementos de vital importancia en la salud de los intestinos. A ella contribuyen tanto la erradicación de las grasas más perniciosas, caso de las trans, los aceites refinados y los
aceites fritos, como el correcto equilibrio entre ácidos grasos esenciales (omega 3 y omega 6 fundamentalmente).

- La supresión de los alimentos que provoquen reacciones de intolerancia, las cuales acarrean en muchos casos procesos inflamatorios que afectan a la pared intestinal.

- El aporte suficiente de un nutriente de gran importancia para la salud de la membrana intestinal: la glutamina. La glutamina es un aminoácido que, ente otras funciones, realiza la de reconstruir la pared intestinal.

La glutamina está presente en muchos alimentos, principalmente los más protéicos, pero existe un obstáculo para su asimilación a partir de ellos, cual es que se destruye al cocinar la comida a altas temperaturas. La carne de vacuno es uno de los alimentos que más glutamina contienen y, a diferencia de otras carnes, como la de cerdo o la de ave, que parece menos recomendable comer poco hechas (por criterios sanitarios y organolépticos), es una carne que se puede cocinar poco, preservando así su aporte de glutamina. Huelga decir que, al comer la carne poco hecha, es necesario seguir escrupulosamente el protocolo de conservación del alimento en aras a evitar su contaminación por bacterias patógenas que puedan alterar la flora intestinal o acarrear consecuencias más graves.

Existen también suplementos de glutamina pero, en mi caso particular, no he notado cuando los he consumido efectos apreciables, efectos que por el contrario han sido notables con el consumo de carne muy poco hecha durante algunos días.