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MONSANTO Y LA HORMONA DE CRECIMIENTO BOVINO

MONSANTO Y LA HORMONA DE CRECIMIENTO BOVINO

La somatotropina es una hormona natural secretada por la hipófisis de las vacas tras el parto, que estimula la producción de leche. A finales de los años setenta Monsanto, por medio de la ingeniería genética, logra sintetizar la hormona de manera artificial. El fin de la hormona transgénica, bautizada como rBGH (bovine growth hormone) o rBST, es inocularla a las vacas lecheras para incrementar la producción de leche.

Uno de los aspectos más polémicos de la hormona transgénica es la relacionada con el IGFI o factor de crecimiento insulínico tipo I (insulin-like growth factor I). Esta sustancia, cuya función consiste en estimular la proliferación de las células para hacer crecer los organismos, está presente tanto en el organismo humano como en el bovino (aunque la hormona que provoca la formación de esta sustancia es distinta en uno y otro organismo, la sustancia resultante es la misma en ambos).

Pues bien, el nivel de IGFI es muy superior (en algunos casos en un 75%) en la leche producida por vacas tratadas con la hormona artificial que en la leche natural y se ha demostrado que, en contra de algunos argumentos utilizados por la industria, el IGFI no es destruido por los tratamientos a los que se somete la leche ni por la propia digestión y que la sustancia, por tanto, es activa en el organismo humano tras su ingestión.

Numerosos estudios realizados entre los años 70 y los 90 por instituciones como la Universidad de Harvard y publicados en revistas científicas como The Lancet demuestran que las altas tasas de IGFI en el organismo incrementan el riesgo de contraer diversos tipos de cáncer, como el de mama, el de colon y el de próstata, lo cual resulta lógico, dado que el IGFI estimula la proliferación de todo tipo de células, incluídas las cancerosas. Los altos niveles de IGFI pueden provocar también acromegalia. Las personas que desarrollan dicha enfermedad tienen una esperanza de vida muy corta y habitualmente mueren de cáncer alrededor de los 30 años.

A pesar de los riesgos para la salud de las personas asociados a la rBGH y de los abundantes efectos secundarios de ésta sobre el ganado que se han descrito, en 1993 la FDA (Food and Drug Administration) estadounidense autoriza su comercialización bajo el nombre de Posilac, tras un proceso de autorización sospechoso por cuanto Richard Burroughs, el científico perteneciente al Centro de Medicina Veterinaria (CVM) de la FDA es despedido tras constatar que los estudios aportados por Monsanto para la autorización de la hormona son incompletos y defectuosos en algunos aspectos y solicitar nuevos estudios y datos a la compañía.

Los efectos secundarios no se hacen esperar entre las poblaciones vacunas inyectadas con la hormona: Mamitis galopantes, pérdida de peso, problemas de fertilidad y abscesos de 10 cm son algunas de las consecuencias de su utilización. Los efectos que la hormona tiene sobre las vacas se trasladan también a la salud del consumidor: La mamitis provoca un incremento de los glóbulos blancos en la leche (pus) y el tratamiento con antibióticos de dicho trastorno mamario puede desembocar en la presencia en la leche de residuos de los medicamentos utilizados.

Dado que, según la FDA, no se han encontrado diferencias significativas entre la leche producida por las vacas a las que se les suministra la hormona de crecimiento artificial y las que no, la agencia no exige a los productores que utilizan la rBHG que informen de su utilización en el etiquetado. Por la misma razón, la FDA emite una directiva en la cual desaconseja a los productores de leche de vacas no tratadas con la hormona que informen en sus etiquetas de la no utilización de la rBGH y, en caso de que esa información se incluya, urge a añadir una coletilla con el texto "La FDA no ha constatado ninguna diferencia significativa entre la leche derivada de las vacas tratadas con la rBST y de vacas no tratadas".

Beneficiándose de la directiva de la FDA Monsanto demanda a los productores que se atreven a indicar en su etiquetado la no utilización de la rBGH. La Swiss Valley Farms, cooperativa lechera de Iowa formada por 2.500 ganaderos, la Oakhurst Dairy Inc., compañía lechera de Nueva Inglaterra, o Tillamook, uno de los mayores productores de queso de Estados Unidos, fueron algunas de las empresas demandadas por Monsanto entre los años 1994 y 2005. Normalmente, como consecuencia del proceso judicial, los productores demandados se ven obligados a incluir en sus etiquetas la frase señalada por la FDA en su directiva.

Una nueva prueba de la subordinación a Monsanto de las agencias públicas estadounidenses la constituye la carta del doctor Lester Crawford, administrador adjunto de la FDA, dirigida en 2003 a Brian Lowry, empleado de Monsanto, en relación con el etiquetado "Sin rBGH" de algunos productos lácteos: "Usted ha atraido mi atención sobre estas prácticas engañosas que inducen a los consumidores a error sobre la calidad y la seguridad de la leche procedente del uso de la rBST. Compartimos su inquietud y actualmente estamos examinando las etiquetas redactadas de manera falsa y engañosa".

Otro caso de subordinación a los poderes fácticos y censura, en este caso por los medios de comunicación, lo protagonizó a mediados de los años 90 el Canal 13 estadounidense, perteneciente al grupo New World Communications of Tampa, propiedad de Fox News, cuando dos periodistas contratados por la cadena realizan un reportaje que pone de relieve los riesgos derivados del uso de la rBGH y el reportaje es censurado por la dirección de la compañía y no llega a emitirse, como consecuencia de las amenazas de Monsanto. Las razones que llevan al grupo de comunicación a censurar el reportaje son, por un lado, el temor a ser llevados ante los tribunales por Monsanto y, por otro, el miedo a perder la publicidad de un importante anunciante que genera significativos beneficios a los medios de comunicación, principalmente con la publicidad del Roundup y el Nutrasweet.

En 1985 Monsanto solicita ante la Health Canada, la institución pública canadiense responsable del control sanitario de los alimentos, la autorización de su hormona rBGH, pero tres científicos de la Oficina de Medicamentos Veterinarios emiten un informe pidiendo que la hormona no se autorice debido a los riesgos sanitarios que comporta. En su comparecencia en el año 1998 ante una comisión del senado canadiense, los científicos denuncian las coacciones y sobornos (de entre 1 y 2 millones de dólares) de las que han sido objeto años atrás con el fin de que aprobaran el producto de Monsanto. Tras las investigaciones de la comisión del senado y a pesar de las recomendaciones a favor de la rBGH por la JECFA (Joint Expert Comitee on Food Aditives), comité científico dependiente de la OMS (Organización Mundial de la Salud) y la FAO (Food and Agriculture Administration) compuesto por un significativo número de representantes de la FDA (alguno de ellos procedente de Monsanto), Canadá prohibe la hormona en su territorio. La Unión Europea, Australia y Nueva Zelanda siguen a Canadá en la prohibición del producto.

Fuente: "El mundo según Monsanto", Marie-Monique Robin.

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