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MONSANTO Y LAS DIOXINAS

MONSANTO Y LAS DIOXINAS

Durante la Segunda Guerra Mundial laboratorios británicos y estadounidenses logran aislar y reproducir sintéticamente la hormona que controla el crecimiento de las plantas. Al constatar que dicha hormona, utilizada en ciertas dosis, provoca la muerte de la planta, la hormona sintética empieza a utilizarse para la fabricación de dos nuevos herbicidas, el 2,4-D y el 2,4,5-T, que por su gran eficacia producen una revolución agrícola.

En 1948 Monsanto abre una fábrica de 2,4,5-T en la localidad de Nitro, en el estado de Virginia. En 1949 una explosión en la planta provoca una nube tóxica. Durante las semanas siguientes 70 trabajadores de la fábrica desarrollan graves problemas cutáneos (grietas, pústulas y quistes purulentos), nauseas, vómitos y dolores de cabeza. Seis obreros especialmente afectados desarrollan además problemas respiratorios, nerviosos, hepáticos e impotencia. Durante los años posteriores algunos de los empleados desarrollan insomnio y depresión. A pesar de las evidencias sobre la nocividad del producto, Monsanto, adoptando una política semejante a la que adoptó en lo relativo a los PCBs, oculta los efectos del accidente y continúa con la producción  del herbicida.

Entre 1961 y 1971, durante la guerra de Vietnam y en el marco de la operación bautizada como Ranch Hand, las fuerzas aéreas estadounidense rocían desde el aire con herbicidas varios millones de hectáreas de Vietnam del Sur, con la intención de eliminar la exuberante vegetación selvática de algunas areas, como medio para controlar más fácilmente los movimientos del Viet-Cong, apoyado por Vietnam del Norte y contener su avance. Los mismos herbicidas son utilizados también para destruir las cosechas que supuestamente dan sustento al Viet-Cong. De los cuatro productos utilizados en Vietnam como defoliantes por las fuerzas aéreas estadounidenses, el agente rosa, el agente blanco, el agente azul y el agente naranja, el último, constituído por 2,4,5-T y 2,4-D en un 50%, y el más utilizado, era el más tóxico de todos. El 90% de los árboles y los matorrales de las zonas rociadas quedaban destruídos.

En 1969 un estudio encargado por el Instituto Nacional de Salud de los EEUU revela que las ratas sometidas a dosis importantes de 2,4,5-T desarrollan malformaciones fetales y paren crías muertas. A raíz de ello el agente naranja deja de ser utilizado como defoliante con fines bélicos.

En en año 1976, en una planta química ubicada en la localidad italiana de Seveso, otro accidente causa una nueva nube tóxica que provoca la muerte de más de 3.000 animales y la aparición del cloracné en decenas de personas. Es entonces cuando la multinacional suiza Hoffmann La Roche, ante la repercusión mundial de los hechos, se ve obligada a revelar el agente responsable de los daños y hasta entonces mantenido en secreto: la dioxina, un producto derivado de la fabricación del herbicida 2,4,5-T.

En 1978 miles de veteranos del Vietnam aquejados de diversos tipos de cáncer y otras enfermedades graves demandan a Monsanto por los efectos causados por el agente naranja sobre su salud. A Raymond Suskind, médico del Instituto Kettering de la Universidad de Cincinnati a quien en el año 1948 Monsanto le había encargado el seguimiento del personal afectado por el accidente de la planta de Virginia se le encomienda la supervisión de tres estudios epidemiológicos sobre la relación entre la dioxina y el cancer. Los estudios concluyen que no es constatable la relación entre la exposición al 2,4,5-T y el cáncer y, como consecuencia de ello, las indemnizaciones solicitadas por los veteranos de Vietnam son desestimadas.

En 1979 un tren de mercancías que transportaba 70.000 litros de clorofenol, sustancia que contiene dioxina, descarrila en Sturgeon, en el estado de Missouri, derramando toda la carga. Los habitantes de Sturgeon demandan a Monsanto y se inicia el proceso judicial conocido como Kemner contra Monsanto. Este proceso se revela de vital importancia en la lucha por el reconocimiento de los derechos de los millares de personas afectadas por la dioxina. La razon es que Rex Carr, el abogado de los habitantes de Sturgeon, logra demostrar la manipulación de los estudios realizados anteriormente por el doctor Suskind, referencia en todos los procesos judiciales relacionados con la dioxina. Otras instituciones científicas como el National Institute for Occupational Safety and Health o el National Research Council confirman posteriormente la teoría de Rex Carr y Greenpeace publica en 1990 un dossier al repecto. En esencia el fraude cometido en los estudios había consistido en introducir personas no expuestas en el grupo de personas consideradas como expuestas y personas expuestas en el grupo de control, con objeto de impedir que los estudios confirmaran la relación existente entre la dioxina (potente carcinógeno como  después se ha demostrado) y el cáncer.

Cuando el dossier de Greenpeace llega a sus manos, Cate Jenkins, una valiente y diligente química, una heroína de nuestro tiempo, empleada en la EPA (Agencia para la protección del medio ambiente) estadounidense con atribuciones relacionadas con el control de los residuos toxicos, luchando contra las constantes maniobras de Monsanto y de sus superiores por obstaculizar su trabajo, logra que se endurezca la regulación sobre las dioxinas y abre el camino para que se reconozcan los derechos de las víctimas estadounidenses del agente naranja. Una serie de documentos internos de la EPA que William Sanjour, también empleado a la sazón en la agencia estadounidense, comparte con Marie Monique Robin, muestran la gravísima relación de subordinación existente entre la EPA y Monsanto y el vergonzoso servilismo con el que la agencia obedece las órdenes de la multinacional.

Gracias a las denuncias del ya fallecido y a la sazón uno de los más prestigiosos oficiales del ejército estadounidense, Elmo  Zumwalt Jr, almirante durante la guerra de Vietnam y cuyo hijo falleció de cáncer a los 42 años tras luchar también en dicha guerra, en 1991 el Congreso tramita una ley solicitando a la Academia Nacional de Ciencias que elabore una lista de enfermedades atribuíbles a la exposición a la dioxina. En el año 2007 dicha lista incluía 13 patologías graves entre las que se cuentan varios tipos de cáncer, la diabetes, la neuropatía periférica y el cloracné.

Aún hoy la tasa de niños nacidos muertos y con graves malformaciones y deficiencias es en Vietnam muy superior a la media internacional. Las autoridades sanitarias vietnamitas estiman que 150.000 niños padeden hoy malformaciones debidas al agente naranja y que 800.000 personas están enfermas por esa misma causa. La dioxina penetra en los suelos y se introduce en las capas freáticas, los lagos y los ríos, contaminando el plancton e introduciéndose así en la cadena alimentaria hasta llegar al ser humano, en cuyo organismo se adhiere a los tejidos grasos, donde su vida media es de 7 años.

Fuente: "El mundo según Monsanto", Marie Monique Robin.

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