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LA PIZZA DE ESPINACAS ¿UNA BOMBA DE RELOJERÍA?

LA PIZZA DE ESPINACAS ¿UNA BOMBA DE RELOJERÍA?

Si hay algo difícil en esta vida y particularmente en el ámbito de la salud y la nutrición, es averiguar cuál de las infinitas teorías que existen sobre un asunto es la correcta. Cuál de los infinitos puntos de vista, en muchos casos, más que dispares, radicalmente opuestos, es más acertado, cuál de los remedios milagrosos funciona, cuál de los contaminantes y agentes patógenos a los que estamos expuestos es más nocivo, cuál de todos los minerales y vitaminas es el que nos falta, cuál de los excesos dietéticos y de otros tipos que cometemos a diario es el que más nos perjudica... Hoy más que nunca vivimos inmersos en un mar de informaciones diversas y contradictorias que pueden llegar a poner en peligro nuestro equilibrio mental.

Por suerte y por desgracia la persona que escribe este blog, yo, tengo un organismo que vive en todo momento en la cuerda floja y que reacciona con rapidez, provocando molestos efectos pero, al fin y al cabo, disparando alarmas, ante las más mínimas agresiones del medio. Las desventajas de estas reacciones airadas del cuerpo son patentes, la ventaja es que permiten, hasta cierto punto, sacar conclusiones empíricas sobre el potencial nocivo o curativo de algunos agentes con los que interaccionamos. Todos los organismos vivos reaccionan de manera más o menos apreciable ante estos agentes beneficiosos y perjudiciales que nos rodean aunque, posiblemente, sean los organismos más débiles o, quizás sería más propio decir debilitados, bien sea por causas genéticas o ambientales, los que responden de forma más evidente.

Desde hace algunos años tengo comprobado que, el proceso inflamatorio mencionado por las teorías que achacan a la inflamación las enfermedades degenerativas, en mí se manifiesta principalmente como (precisamente) un abultamiento en el párpado superior derecho. Y el proceso deductivo que me ha llevado a esta conclusión no es complejo: He comprobado de manera fehaciente que los nutrientes que, de acuerdo con estas teorías, combaten la inflamación en el organismo reducen la inflamación de mi párpado mientras que, por el contrario, las elementos que según esta doctrina son el origen de la inflamación en el organismo humano agravan dicho abultamiento.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el título de la entrada? Cada maestrillo tiene su librillo y, en mi caso, tras casi volverme loco con la miriada de teorías contrapuestas que pululaban y pululan por ahí, ya sólo le hago caso a lo que me dice el cuerpo. Y a partir de esos hechos empíricos que son las respuestas del organismo intento, después, buscar una explicación razonable de los sucesos.

Y el caso es que, un día, en mi anhelo permanente de comer sano pero no tanto como para desear no haber nacido, decidí hacerme una pizza, pero no una aberrante pizza de harina blanca saturada de grasas hidrogenadas y de conservantes y otras basuras, sino una pizza digna de un tarado obsesionado por la salud como yo. Compré una base integral y ecológica y decidí ponerle queso (tofu ya me parecía excesivo, habría que matar al que se lo inventó), aceitunas y espinacas (pero en otro orden). La calenté en el horno y me la comí.

Y cual sería mi sorpresa cuando, tan feliz que estaba de haberme comido una pizza tan sana, al cabo de unas horas mi termómetro, el párpado superior derecho se encontraba algo abultado. Y no tengo alergia a las espinacas, no. No hablo de una reacción alérgica (entre otras cosas porque no aprecio el mismo efecto con las espinacas crudas) sino de cambios sutiles en el organismo como respuesta a ciertos alimentos o agentes ambientales. Como podía haber sido coincidencia, al cabo de unos días volví a comerme una pizza igual. Y ocurrió lo mismo. Y así ocurrió otras veces (las espinacas eran el ingrediente nuevo, porque los otros los había comido innumerables veces sin observar este efecto).

Como decía, cuando me pasan cosas raras como ésta intento encontrar a posteriori una explicación a los hechos. Y quien sabe si la explicación no será la siguiente:

La utilización de fertilizantes inorgánicos en los cultivos actuales se traduce en un incremento notable de las concentraciones de nitratos presentes en los vegetales que consumimos, algunos de los cuales, con más tendencia a la acumulación de estos compuestos, como las espinacas o la lechuga, pueden llegar a presentar cantidades muy elevadas de los mismos, especialmente si concurren otras circunstancias como la ausencia de luz durante la maduración (habitual en los cultivos de invernadero y, por tanto en las hortalizas consumidas en invierno). Las espinacas en particular, como se puede observar en esta otra entrada, Hortalizas y contaminación por nitratos, se encuentran entre las hortalizas más contaminadas por nitratos.

Con las altas temperaturas y, por tanto, con el calentamiento de los vegetales durante su cocinado, los nitratos pueden formar nitrosaminas, sustancias con probadísimos efectos cancerígenas, razón por la cual, la pizza de espinacas puede ser un auténtico coctail de nitrosaminas. ¿Contrarrestará en circunstancias como las mencionadas (especies con altos contenidos en nitratos, cocinado a altas temperaturas...) la presencia de nitratos los beneficiosos efectos atribuidos a los vegetales de hoja verde? Quien sabe. Yo me fío de lo que veo y por lo pronto ya no como pizzas de espinacas.

La entrada iba sobre los nitratos en los vegetales pero no hay que olvidar que los nitratos se utilizan como conservantes en un gran número de alimentos.

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