Propósito

Esta web pretende ser útil a todo aquél que se preocupa por su salud y por la de nuestro planeta

Ninguna información ni opinión vertida en esta página constituye en modo alguno consejo médico.

LA HIPERSENSIBILIDAD A LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS (ELECTROHIPERSENSIBILIDAD O EHS)

LA HIPERSENSIBILIDAD A LOS CAMPOS ELECTROMAGNÉTICOS (ELECTROHIPERSENSIBILIDAD O EHS)

El principal objetivo de este artículo es compartir mi experiencia en lo referente a la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos con otras personas afectadas por el trastorno, con la esperanza de evitar, siquiera a una persona, que tropiece con alguna de las piedras con las que yo he tropezado.

En el año 1999 vivía en una pequeña capital de provincia y me trasladé a Madrid con motivo de una oportunidad laboral que me surgió allí. Aquellos años de la segunda mitad de los 90 supusieron el pistoletazo de salida del despliegue indiscriminado de redes de comunicaciones inalámbricas y el comienzo del calvario de un grupo de personas que, por razones cada vez más comprendidas por la ciencia, no toleraban (ni toleran, en muchos casos) como los demás los nuevos niveles de radiación.

Tras el traslado a Madrid, de manera casi inmediata, tal vez debido a la presencia en la zona de Madrid donde trabajaba de niveles superiores de contaminación electromagnética (puesto que era en el trabajo dónde empecé a notar los primeros síntomas), quizás por causa de los niveles de radiación existentes en el interior de la propia oficina o, probablemente, por ambas razones al mismo tiempo, empecé a experimentar una serie de sensaciones entre molestas y casi insoportables según el día, que no había padecido nunca.

Cuando identifiqué la causa de mis padecimientos, las radiaciones electromagnéticas de variadas frecuencias, desarrollé una tremenda fobia y una similar paranoia hacia cualquier fuente de emisión de radiaciones, particularmente hacia las antenas de telefonía móvil.

A pesar de que, en el año 2001, huyendo de las antenas de telefonía móvil nos fuimos (también mi pareja) a vivir a la sierra de Madrid, a una casa en cuyo entorno inmediato no existía ninguna antena de este tipo, durante los alrededor de 8 años que viví en esa casa mis padecimientos fueron agravándose año tras año.

Durante ese tiempo dediqué mis escasísimas energías, tan mermadas por la enfermedad, a documentarme sobre los campos electromagnéticos (fuentes de emisión, frecuencias, potencias, efectos biológicos...). Dediqué sumas importantes de dinero a adquirir instrumentos de medición que me permitieran identificar el origen y la intensidad de las radiaciones que me rodeaban y a comprar materiales de blindaje que me permitieran hacer de la casa en la que vivía un bunker antiradiaciones.

Me dí cuenta entonces de que las antenas de telefonía son hoy en día sólo una (aunque posiblemente de las más perjudiciales) entre la miriada de tecnologías y fuentes de emisión que nos rodean. Wifi, Wimax, redes mesh,  teléfonos DECT, emisoras de radio y televisión, radares civiles y militares y un largo etcétera, sin contar con todos los focos de emisión de campos electromagnéticos de baja frecuencia (todos los aparatos eléctricos) existentes en nuestras casas.

¿Estaría afectándome más el teléfono DECT del vecino que podía estar a unos 10 m, la antena de telefonía que había a 1 Km, la lámpara alógena que tenía a 1 m, la antena de televisión que emitía desde un pico existente a algunos Km pero que daba cobertura a media España y tenía un alcance de varios centenares de Km, algún radar militar o antena de onda media ubicados a algunas decenas de Km pero con un alcance de varios cientos? Hice mediciones en casi todos los lugares por los que pasaba y en todos los rangos de frecuencia que pude, con el ánimo de aislar el efecto de unas y otras radiaciones sobre mi organismo. Estuve a punto de volverme loco pero sólo obtuve resultados concluyentes parciales.

Las dificultades con las que me encontré a la hora de identificar las radiaciones concretas causantes de mis padecimientos fueron múltiples. Las siguientes fueron las más destacables:

- La dificultad para estudiar de forma aislada radiaciones tan omnipresentes.

- La variabilidad de la tolerancia de mi propio organismo (y creo que del de cualquier otra persona hipersensible a los campos electromagnéticos) a las radiaciones, en función de parámetros biológicos. Factores como la alimentación, el sueño, las substancias químicas que nos rodean o los virus afectan al modo en que el organismo de una persona con EHS responde a las radiaciones y, por consiguiente, a su nivel de tolerancia a las mismas.

- La existencia de una radiación fantasma (porque no fui capaz de registrarla con los aparatos de medición de los que disponía) intermitente, que descubrí después y cuya ausencia en los registros desvirtuó los resultados del estudio.

Sí es cierto que cuando identifiqué la radiación fantasma una parte del misterio de mi padecimiento quedó resuelta. Con el tiempo había llegado a darme cuenta de que, en algunas ocasiones, mi malestar aumentaba intermitentemente de manera muy intensa, iba in crescendo hasta alcanzar un punto álgido y luego volvía a disminuir en cuestión de unos pocos minutos. Este fenómeno, que se prolongó durante ocho años, prácticamente me hizo perder la cordura, hasta que me percaté (inequívocamente) de que esa radiación fantasma tenía su origen en los radares de los aviones que sobrevolaban el lugar donde me encontraba (la mayor parte de las veces la casa donde vivía).

Pero la lección más importante que, por lo que respecta a la electrohipersensibilidad, he aprendido durante estos años, es que la estrategia para vencerla debe cubrir por necesidad dos frentes diferentes:

- Sin duda, por una parte, la búsqueda de un entorno lo más electrosaludable posible, lo más libre  posible de contaminación electromagnética. No sólo con objeto de prevenir o combatir la electrohipersensibilidad, también con el de evitar el cáncer y otras enfermedades que los estudios vinculan con la contaminación
electromagnética.

- Pero, en mi opinión, tan importante como lo anterior es reequilibrar el organismo corrigiendo esa susceptibilidad a las radiaciones desmesurada y similar (en términos de la desproporción absoluta entre la intensidad del estímulo y la de la respuesta del organismo, no en términos biológicos) a una alergia. Con el tiempo me he dado cuenta de que mi propia sensibilidad a los campos electromagnéticos, e imagino y espero que la de otras personas electrohipersensibles, podía suavizarse o agravarse en varios órdenes de magnitud, en respuesta a:

Deficiencias nutricionales

Me refiero con ello a deficiencias vitamínicas y minerales y, en mi caso, al parecer, principalmente, a una deficiencia de ácidos grasos poliinsaturados, concretamente de Omega 3. Considero que el pescado, el aceite de lino y un multivitamínico han sido uno de los ejes principales en mi recuperación de la enfermedad.

Agentes químicos

Una determinada substancia química a la que somos sensibles, introducida en el organismo por cualquier vía (respiratoria, cutánea, oral ...) puede exacerbar el malestar y los síntomas relacionados con la electrohipersensibilidad. Aspecto éste que la EHS tiene en común con su prima hermana, la SQM, sensibilidad química múltiple. Pueden experimentarse reacciones adversas como consecuencia de la contaminación química derivada de las emisiones industriales, debidas al tráfico rodado o a la combustión de las calderas, de la ingestión de aditivos alimentarios, de la utilización de jabones, champús (incluso los más naturales y artesanales)  y otros productos de higiene personal, del consumo de fruta no pelada (debido a la concentración de pesticidas en la piel de la fruta) y un largo etcétera. Creo que también es necesario evitar la inhalación de compuestos orgánicos volátiles procedentes de muebles de aglomerado, barnices, pinturas, la tinta de los libros etc.

Infecciones

Otro importantísimo agente desestabilizador con potencial para provocar la EHS son los virus y las bacterias, bien en el caso de infecciones agudas como puedan ser las gripales, bien en el de microorganismos latentes de forma crónica. Una vez que mi proceso curativo estuvo plenamente encauzado merced a un entorno más electrosaludable, a la corrección de las aparentes deficiencias nutricionales y a la purificación del entorno en términos de la presencia de agentes químicos, las mayores recaídas aisladas que he experimentado las achaco precisamente a procesos virales que he padecido.

El sueño

La falta de sueño también se ha revelado en mi caso como un factor coadyuvante claro en la hipersensibilidad a los campos electromagnéticos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario