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TOS CRÓNICA Y EDREDONES DE PLUMAS

TOS CRÓNICA Y EDREDONES DE PLUMAS

Esta entrada está redactada principalmente en primera persona, no por narcisismo o porque piense que mis problemas personales puedan interesar a alguien más que a mí o mis allegados, sino con el ánimo de ilustrar unas circunstancias que pienso que pueden concurrir en la vida de otras personas y que su mención puede ser de utilidad a alguien que padezca el problema que yo he padecido y cuyo origen tanto tiempo me ha costado identificar.

Hasta hace muy poco y desde hacía alrededor de 10 años he padecido de tos crónica. Una tos que sólo remitía esporádicamente durante muy breves periodos de tiempo entre los cuales yo no era capaz de encontrar una pauta que me permitiera identificar el origen de la misma. Aclaro que no fumo ni he fumado nunca ni, durante este periodo, he estado habitualmente expuesto, que yo sepa, a niveles elevados de polución ambiental.

Los primeros años de padecer la tos acudí dos o tres veces al médico, me hicieron radiografías de torax y espirometrías, pero no dieron con la causa de la tos. Como no tengo una fe excesiva en el sistema sanitario (y debo decir que en este caso finalmente ha sido el sistema sanitario, si bien de manera en cierto modo indirecta, el que me ha desvelado la causa del padecimiento) y estaba convencido de que el problema debía tener necesariamente un origen ambiental, no volví a acudir al médico durante los siguientes alrededor de 8 años.

Los violentos ataques de tos que experimentaba en respuesta a estímulos tan nimios como que en el trabajo se sentara a tres o cuatro metros de mí un compañero fumador que había salido a fumar y volvía con la ropa impregnada de humo del tabaco o que, también en el trabajo, pasara la señora de la limpieza a 8 o 10 m con el carrito de los productos de limpieza, denotaban una sensibilidad exacerbada en algún punto de las vías respiratorias.

Dado que el inicio de la tos había coincidido aproximadamente con el traslado junto a mi pareja a una casa en la zona de Guadarrama, en cierto momento achaqué el problema a posibles niveles elevados de radón en la vivienda. El radón, gas de origen natural que emerge del subsuelo, más abundante en las áreas graníticas (como la zona de Guadarrama) es un conocido carcinógeno que puede provocar cáncer de pulmón. No obstante, el cambio del dormitorio al piso de arriba no pareció afectar en modo ninguno al curso de la tos.

Los siguientes años la tos ha sido para mí una preocupación de fondo constante, pero no he llegado a entender sus causas ni a remediarla. Hace algo más de un año, sin embargo, leí en el boletín cuatrimestral de GEA, la Asociación de Estudios Geobiológicos, una agrupación dedicada al estudio de las radiaciones naturales y artificiales y, en términos generales, a la influencia del medio ambiente sobre la salud, un artículo que hablaba de la relación entre la utilización de almohadas y edredones de plumas y la fibrosis pulmonar idiopática, una enfermedad grave con un pronóstico de supervivencia de entre tres y cinco años y de la cual hasta el momento (como el propio término idiopático pone de relieve) se desconocían las causas.

Esta era la conclusión de un estudio clínico llevado a cabo en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona por el servicio de neumología, con el doctor Ferrán Morell a la cabeza y publicado en la revista científica británica The Lancet. El estudio, realizado con 46 pacientes de fibrosis pulmonar entre los años 2004 y 2011 determinó que en al menos alrededor del 25% de los casos la fibrosis pulmonar había sido causada por la exposición a plumas de ave presentes en edredones y almohadas, en otro 25% aproximado de los casos la causa de la enfermedad había sido la exposición a aves y hongos, en 1 caso el origen de la enfermedad estaba en los isocianatos, compuestos químicos utilizados en algunos procesos industriales, y en el 50%  de casos restantes los investigadores sospechan también de la relación entre los mencionados antígenos y el desarrollo de la enfermedad, aunque el estadio de la enfermedad en que se encontraban estos pacientes impidió, en su caso, hacerles todas las pruebas necesarias para el diagnóstico.

Si la pluma de ave tiene, como demuestra el mencionado estudio, esa capacidad antigénica, yo era candidato a padecer los efectos de la exposición a ella dado mi nivel cotidiano de exposición al agente, por cuanto durante los últimos años he dormido prácticamente todo el año (incluso gran parte del verano, puesto que he vivido en lugares en que las temperaturas nocturnas eran bajas también en esta época) con almohada y edredón de plumas, amén de utilizar anoraks de plumas con bastante asiduidad.

Nada más leer el artículo sustituí la almohada de plumas que utilizaba habitualmente por una de otro material, pero no presté tanta atención al edredón, por considerar que el hecho de estar éste algo menos en contacto con las vías respiratorias podía hacerlo menos nocivo y porque me parecía más complicado buscar un edredón de otro material que abrigara lo suficiente. Durante el tiempo que he dormido sin almohada de plumas pero con edredón no he notado efectos notables sobre la evolución de la tos y, en vista de ello, recientemente decidí sustituir también el edredón de plumas por uno sintético. Pues bien, el resultado obtenido con la erradicación, ahora sí, completa, de la pluma de ave de mi entorno de sueño, ha sido sorprendente, en unos pocos días la tos ha remitido. Aunque en mi caso la exposición al agente antigénico se ha prolongado durante un número de años considerable, albergo la esperanza de que los daños en el aparato respiratorio sean todavía reversibles.

Mi consejo para quien padezca de tos crónica de causa desconocida es que pruebe a erradicar la pluma de ave de su entorno y trate de determinar si reside o no en este agente la causa de su dolencia.

Para cerrar la entrada expreso mi admiración y mi gratitud hacia el servicio de neumología del Hospital Vall d'Ebron por su contribución a la prevención de una enfermedad tan dramática como la fibrosis pulmonar.

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